No tiene importancia cuantas veces uno haya estado en París. Siempre parece ser la primera.... Recuerdo la frase de un amigo que dice que suele llegar a París, y Paris hace el resto....
Pero uno sabe que con esta ciudad se tiene la posibilidad de encontrar siempre cosas inesperadas para hacer. Como en esta ocasión, en la que pensamos que era el momento propicio para animarse a subir a lo alto de la Tour Eiffel. Y si era de noche.... tanto mejor!
El paisaje era increíble. Uno se perdía observando los detalles de los edificios, de los monumentos, adivinando las siluetas escondidas, y compartir el entusiasmo con el gentío que nos rodeaba, de todas las nacionalidades, bajo el viento bastante fuerte, en el exterior del punto más alto de la torre.
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